Desayuno Movie

Pensé que venías sola dijo una mujer a otra. Estaban sentadas en mesas contiguas dentro de una cafetería. En ambas se respiraba el aire de una soledad agradable, cada una desayunaba en su mesa y en un momento dado, brevemente intercambiaron una idea.

Era media mañana, la mujer fucsia y cabello dorado había entrado al área de mesas con un cóctel de frutas en la mano buscando una mesa donde entrara luz; al menos eso interpretó la otra, la mujer rosa palo quien la miró cómo buscaba donde ubicarse por el lado del ventanal que da a la calle, allí por donde entra de golpe la luz y los ojos se le llenan a la gente de figuras y acontecimientos que ocurren afuera, pero sobre todo se llenan de esa luz intensa característica del cielo norestense de México.

A la mujer rosa palo le fue imposible evitar mirarla por varias razones, a primera vista calculó que más o menos coincidían en estatura y que poseían siluetas humanas similares, ambas eran delgadas y pequeñas, su figura bien delineada, hasta cierto punto atléticas; también llamó su atención que la mujer fucsia usara leggins y playera, tal como usualmente a ella le gustaba vestir de vez en cuando y grosso modo parecía de una edad similar a la suya. -Mira que coincidencias, pensó. Algo más que le intrigó fue el aspecto de contentamiento en el semblante de la mujer fucsia. Siendo algo subjetivo y conociendo de sí misma sus dotes intuitivas su mente trabajó rapidísimo y en un instante desplegó una cintilla de sucesos en su pensamiento: La mujer fucsia seguro vendría de hacer ejercicio y llegó a comprar su cóctel de frutas por aquello de ingerir alimentos saludables, también le adora su pareja, la mantiene con una buena plata, tuvo un tiempo libre y vino a darse un gusto, pero además, la mujer fucsia hizo el amor antes de salir de casa el día de hoy y por eso trae su cara rebosante, ella vive sola y es adorablemente feliz así, quizás sea viuda y sale a dar su paseito por el mundo; un sinfín de cosas que la mujer rosa palo elaboró mentalmente acerca de la otra. Pero hubo otra cosa que llamó todavía más su atención, la mujer fucsia tenía un tremendo parecido a Sarah Connor, alguien que en su concepción de belleza era un ícono, distinto al de las pasarelas o revistas de moda. Sin esperar más, abrió su laptop y entró a internet, googleó imágenes de Sarah. Sí, corroboró, en efecto era parecidísima, si acaso la mujer fucsia tendría la piel del rostro un tanto más maltratado que Sarah pero su expresión, silueta, el cabello, su sonrisa y la soltura natural de una mujer resuelta eran suficientes atributos para decir que era bastante parecida a Sarah. Echó a volar su imaginación preguntándose si es que además de sí misma, la mujer fucsia también habría visto y disfrutado de Terminator. O ¿acaso sería una fijación personal recurrente eso de admirar a Sarah Connor?, ¿una especie de modelo a seguir o admirar por su estilo de mujer segura, trabajadora, guapa, atlética, fuerte?; pensaba la mujer rosa palo. En realidad, no lo sabía, pero tal fue su impacto que cuando la mujer fucsia iba a sentarse a dos mesas de ella, le señaló la contigua diciendo que en esa daba más luz y la mujer fucsia accedió natural y amable sentándose a degustar su cóctel mirando a través del ventanal. Y sí, al parecer igual que la mujer rosa palo imaginaba e interpretaba todo lo que veía. La mujer fucsia miró cruzar la calle a otra mujer que venía con dirección al ventanal cargando un bebé, al llegar al ventanal la esperaba un hombre sentado en el borde de la ventana que daba hasta el piso, la mujer con el bebé algo le reclamaba al hombre quien sacó su cartera y le dio una tarjeta, pero ella seguía hablando y parecía que él se desesperaba y sacaba su celular mostrándole algo; estaban justo del otro lado de la ventana donde se había ubicado la mujer fucsia, esta alargó su cuello para ver si alcanzaba a mirar algo en el celular del hombre pero no vio nada, supuso -por su expresión- que algo pasaba por su mente e intercambió mirada con la mujer rosa palo quien observaba desde su mesa la escena completa, la verdad es que parecía que ambas conversaban de mente a mente, eran igual de curiosas.

¿Le diré que se parece a Sarah Connor? Pensó la mujer rosa palo, abrió la imagen de Sarah y sin mostrársela todavía le dijo:

─ Te pareces mucho a una actriz, 

─ ¿En serio, a quién?, contestó con cara de sorpresa

─ A Linda Hamilton

─ No la conozco. La mujer rosa palo le mostró la foto.

─ Mira, eres muy pero muy parecida a ella, ¿Viste la película de Terminator?

─ No, jamás, pero ahora que lo recuerdo alguien ya me había dicho que me parecía a ella solo que no sabía el nombre.

─ Mira la película, te va a gustar el personaje.

La mujer rosa palo siguió en lo suyo mientras afuera de aquel lado del ventanal, rodaban los autos a gran velocidad. En plena calle, indebidamente se detuvo uno, el conductor era un apuesto chofer que llevaba gafas negras brillantes con un aire de actor de cine. La mujer rosa palo quedó pasmada al ver que la mujer fucsia quien había terminado su cóctel se levantaba de la mesa y se disponía a salir.

─ Pensé que venías sola, dijo en voz bajita la mujer rosa palo.

La mujer fucsia alcanzó a escucharla, sonrió, salió del café, con soltura abordó el auto de chofer con gafas negras brillantes. El auto arrancó y tras ellos una camioneta manejada por un hombre azul platead, les perseguía a modo de “pits”. Ahora entiendo todo, pensó la mujer rosa palo con la perplejidad en su nostálgica mirada.

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